Entrevista con Esther Flor, Responsable de Producción de SIPCAM Inagra
"Con trabajo y esfuerzo, todo es posible, pero hay que tener cuidado con el síndrome de la Superwoman".
Esther Flor Martí se ha convertido en poco tiempo en uno de los pilares fundamentales de SIPCAM, la compañía dedicada a la fabricación y distribución de fitosanitarios, bioestimulantes y fertilizantes ubicada en Sueca. La responsable de producción nos explica cuál ha sido su experiencia en un sector todavía masculinizado.
¿Cómo llegaste a responsable de producción a SIPCAM?
Empecé estudiando Ingeniería Química en la Universidad Politécnica de Valencia y mi carrera laboral comenzó en el área de prevención de riesgos. Más tarde, fui responsable de laboratorio, pero siempre había sabido que mi meta era la producción. Es un ámbito en el que me siento cómoda y donde puedo desarrollar mis habilidades. Primero logré este puesto en mi anterior compañía y, cuando tuve la oportunidad de trabajar en SIPCAM y mejorar mi situación laboral, no dudé en dar el paso.
¿Has encontrado paridad a lo largo de tu trayectoria?
En mi época estudiantil las mujeres éramos la mitad del alumnado, pero tan pronto como llegué a responsable de producción, pasó bastante tiempo hasta que conocí a otra mujer con mi misma profesión. Es la única que conozco hasta ahora.
Sin embargo, creo que cada vez estamos más cerca de la paridad en el sector porque en SIPCAM estoy al cargo de un equipo humano formado por 70 personas y me alegra compartir que casi el 33% son mujeres.
¿Qué ha aportado el ser mujer a su visión de la empresa?
Creo que a nivel laboral la visión femenina puede aportar ciertas cualidades diferentes a las masculinas. Personalmente, soy una persona que fomenta el trabajo de manera cooperativa, tanto con mi equipo como en coordinación con otros departamentos. En ese aspecto, la empatía es imprescindible para encontrar una manera de trabajar beneficiosa para todos.
¿Qué referentes femeninos han influido en su carrera?
Evidentemente, hay muchas mujeres conocidas en la ciencia que son verdaderos ejemplos a seguir, pero en el día a día, te marcan siempre las personas más cercanas.
En mi época universitaria tuve a dos profesoras a las que recuerdo con mucho afecto: María Sancho y Anna Igual. La verdad es que tuve la suerte de que muchas de las asignaturas estaban impartidas por mujeres, algunas de ellas muy jóvenes, quienes me transmitieron su entusiasmo por la Ingeniería.
Pero, quien más me apoyó en cada una de mis decisiones profesionales y más me animó a perseguir mis metas fue mi madre, con quien desgraciadamente no he podido compartir mis últimos logros.
¿Qué barreras sigue habiendo a la hora de que las mujeres accedan a los puestos de decisión de las empresas?
Considero que a las mujeres siempre nos cuesta más acceder a los puestos de responsabilidad porque sigue presente la barrera de la conciliación y todavía es difícil compatibilizar la carrera profesional con la familiar. Hay un camino importante que recorrer en la educación, sobre todo por parte de los hombres, quienes deben de corresponsabilizarse de los cuidados y las tareas familiares para que las mujeres no tengamos dicho hándicap.
Las empresas también tienen la responsabilidad de luchar por la igualdad y la inclusión de mujeres en puestos de trabajo que históricamente han sido ocupados por hombres. Esta es una de las razones por las que SIPCAM lanzó hace dos años su Plan de Igualdad.
¿Se ha encontrado con problemas para desarrollar su carrera por ser mujer? ¿Cómo les ha hecho frente?
Aunque desde que empecé mi carrera laboral siempre he estado rodeada de hombres en la mayoría, afortunadamente no. Nunca he sentido que se cuestionaran mis decisiones o mi profesionalidad por ser mujer.
¿Cómo contribuye el liderazgo femenino a incrementar la competitividad de su empresa?
Considero que cada persona, independientemente de su género, tiene un estilo de liderazgo diferente y puede aportar diferentes aptitudes. Pero, si generalizamos un poco, creo que el liderazgo femenino aporta ventajas empresariales como la asertividad, la comunicación abierta y el diálogo fluido. Además, tendemos a ser más abiertas al cambio y trabajamos bien en equipo.
¿Qué mensaje te gustaría compartir con aquellas mujeres que quieren trabajar en sectores masculinizados?
No importa cuál sea su vocación. Con esfuerzo y trabajo, todo se puede, pero debemos tener cuidado con el síndrome de Superwoman. Por eso, en mi rutina son imprescindibles los momentos de desconexión bien sea practicando deporte o disfrutando de mis hobbies. Para mí, el éxito y la felicidad residen en el equilibrio.
